MI HIJO SE LLAMA TRABAJADOR

Un ligero toque se escucha en la puerta: Toc, toc. Pase, siéntese. ¿Qué le ocurre? Con
semblante distante y con ciertas dosis de ensimismamiento, el doctor Europa le pregunta
a su paciente: ¿Qué le sucede España? Verá… me encuentro muy mal. Llevo años sin
poder dormir bien. Me siento muy cansada. Sufro fuertes dolores de cabeza constantes y
en ocasiones me cuesta trabajo respirar. Con la mirada gacha ante el temor de su
diagnóstico, el doctor de azul añil irrumpe el silencio: Bien… en un principio parece que
adolece de cierta artrosis social sumada al insomnio del paro asociado con hipotensión
económica junto a un tipo de asma denominada prima de riesgo. Vaya… pero…
intentaba gesticular palabra impresionada quien fue antaño una potencia mundial. Su
tiempo de esplendor quedaba en el olvido… No se preocupe, sentenció el facultativo.
Tómese este analgésico: Ciegazín. Le acompaño hasta la puerta. Con una palmada en la
espalda y buenos días como colofón, la dolorida Iberia, emprendió su recorrido hacia
el lugar donde creía que sus problemas fisiológicos y anímicos iban a ser aliviados. Por el
camino se encontró con su vecina la Francia quien fraternalmente le preguntó por su
salud: ¿Estás mejor? ¡Qué va! Vengo de la consulta y la verdad que no me ha dado un
dictamen demasiado bueno. Lo he intentado todo para mejorarme pero aún no ha dado
resultado. No sé cómo se lo voy a decir a mis hijos... En la farmacia de La Troika lee
tranquilamente el prospecto: Ciegazín es un analgésico perteneciente al grupo de
medicamentos denominados inflación. Se utiliza para tratar patologías diversas, entre
ellas como relajante social. Cuenta con un activo financiero que le proporciona a largo
plazo un estado de somnolencia cerebral amortizado con una actitud de paciencia infinita.
Posibles efectos adversos: Al igual que todos los medicamentos, Ciegazín puede producir
efectos adversos, aunque no todas las personas los sufran. Las posibles reacciones
adversas son: alergias reivindicatorias y huelgas ocasionales. La Troika al ver la cara de la
insumisa cliente le anima a tomar el tratamiento. España resignada ante tal tesitura le
espeta ¿Cómo voy yo a ayudar a mi hijo? ¡No se preocupe, su salud en lugar de contraerse
crecerá! Además, ¿Quién es su hijo? Indignada ante tal pregunta, con lágrimas en los ojos
le responde: sufrirá todas las consecuencias. ¡Mi hijo se llama TRABAJADOR!
Por Jennifer Rojas