CON OLOR A INCIENSO, MIRRA Y AZAHAR

Aclama el Giraldillo de Sevilla: ¡Aprisa llegó la hora, lo apresaron, lo juzgaron y viene en camino cargando las penas y miserias humanas de quienes lo condenaron! Desde lo alto, llora el Padre al Hijo bañando con gotas de lluvia su camino. La Mezquita pide silencio y clemencia para el Nazareno alumbrada por los cientos de velas de quienes asisten ante tal magnánimo acontecimiento. ¡Arriba con Él, hasta el mismo cielo!, glorifican con su salto los costaleros y costaleras que mecen con mimo al Hijo del Hombre. Con cada nota de las bandas ensalzan sus caídas, cada partitura un Misterio para el Crucificado. Una saeta cantada para la Señora de Dulce Nombre y el chirrido de cadenas arrastradas de almas doloridas redimiendo su culpa. El olor a incienso conduce la senda dolorosa del Salvador donde de lejos recibe el amor incondicional de su Madre plasmado a los pies de su crucifijo. Elí, Elí, lemá sabactani1, rezando un salmo de esperanza ante su último hálito de vida acude a su férrea fe que le permitió como cual cayado continuar con su Misión. Y así, “Cristo es el mensaje. El Cristo que Velázquez sacó de la sombra para convertirlo en la luz que le sirvió a Unamuno para desgarrar su poesía, el Cristo de San Juan de la Cruz que nos deja con el lamento que provoca su ausencia después de herirnos con su huidiza presencia, la Pietà triunfante de Miguel Ángel que es puro mármol en la Basílica de San Pedro del Vaticano, el Cristo humanísimo de Rembrandt, el Cristo que se hizo carne de madera en la imaginería barroca, el Cristo que Antonio Machado encontraba en las galerías solitarias del alma, el Cristo que sobrevivirá a la burla, a la mofa, al escarnio, el Cristo que no abandona nunca a los abandonados, ni siquiera a los que se sienten ciegos ante su cegadora luz. El Cristo que se resume en esa palabra que mueve el mundo desde que nacemos hasta que atravesamos el misterioso umbral de la muerte, el Cristo que no es el odio con que algunos lo identifican sino su reverso, porque Cristo es amor o no es nada”.2
Por Jennifer Rojas.
1 “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”. (Mt 27,46)
2 Robles, Francisco. Feria de las vanidades. CRISTO ES EL MENSAJE. Periódico ABC, Martes 23 de Agosto de 2011.