Apología a Nuestra Democracia

En los primeros pasos de nuestra Democracia, es necesario hacer mención a uno de los mejores políticos que ha dado España en el S.XX, Adolfo Suárez. Bajo mi humilde punto de vista, considero que la sociedad está en deuda política y social con él. Jugó un papel trascendental y actuó como bisagra política junto con las demás fuerzas por y para el bienestar del pueblo soberano español.

En su contra jugaron numerosas vicisitudes. Después de pasar cuatro años y medio superando enormes riesgos y gravísimas amenazas, Adolfo Suárez, acabó sepultado por la deslealtad de los suyos, por el acoso de los adversarios y por los incesantes movimientos de los militares ultras para provocar su caída (1); junto con el terrorismo (fundamentalmente protagonizado por la extrema izquierda –GRAPO- y el independentismo radical vasco – ETA-) hizo que como tal general desvainara el sable y lo pusiera encima de la mesa. Resulta tal hecho cuanto menos novelesco.

Que el Rey le pidiera el cargo pudiera ser; ya borboneó a Carlos Arias Navarro. Con el paso del tiempo, el Duque de Suárez, suspende sus citas y se retira de la vida política, perdido en el laberinto de una profunda depresión acompañada de una cruel enfermedad con apellido de médico alemán: Alzheimer.

En su discurso de dimisión, nuestro primer Presidente democrático se despedía así: “Deseo para España, y para todos y cada uno de ustedes y sus familias, un futuro de paz y bienestar. Esta ha sido la única justificación de mi gestión política y va a seguir siendo la razón fundamental de mi vida. Les doy las gracias por su sacrificio, por su colaboración y por las reiteradas pruebas de confianza que me han otorgado. Quise corresponder a ellas con entrega absoluta a mi trabajo y con dedicación, abnegación y generosidad. Les prometo que donde quiera que esté me mantendré identificado con sus aspiraciones. Que estaré siempre a su lado y que trataré, en la medida de mis fuerzas, de mantenerme en la misma línea y con el mismo espíritu de trabajo. Muchas gracias a todos y por todo”.

Tras pronunciar estas palabras de ejemplo, con gran pesar en su mirada y en su corazón, en enero de 1981, Suárez dejó atrás hitos políticos que hicieron cambiar el rumbo de la Historia en nuestra madre Patria: el proceso de Reforma política española convertiría a nuestro país con la entrada en vigor de la Constitución en un Estado Social y Democrático de Derecho; que a día de hoy es la de mayor vigencia temporal de cuantas constituciones se promulgaron en nuestra nación. Con el paso del tiempo y con un bipartidismo imperante parece ser que la sociedad española no aprende de tiempos pasados. Es necesario dejar de una vez atrás viejos pensamientos que se clavan como tal ancla y que impiden avanzar en nuestra democracia, ya no tiene cabida “el ser de izquierdas o de derechas”. Ese pensamiento demuestra que a pesar de haber pasado unas cuantas décadas aún quedan reminiscencias del pasado. Ahora sólo somos demócratas.

A lo largo de mi corta existencia no he visto algo tan tremebundo como las penosas historias de nuestros congéneres: millones de personas en paro, jóvenes formados y con brillantes expectativas emigrando a países donde si le aseguran un buen porvenir, abuelos hurgando en la basura para intentar mantener a su prole y familias que toman por hogar la calle refugiados en los cartones para cobijarse de su profundo pesar. Numerosas personas recuerdan con melancolía tiempos pasados, donde nadie imaginaba lo que sucedería algunos años después: la creación de los nuevos pobres.

La política ya no es lo que era; ahora se ha convertido “en el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar después remedios equivocados”. (2)
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(1) Así cayó Adolfo Suárez, El Mundo (ed. Impresa), 29 de enero de 2006. Vlex.
(2) Groucho Marx (1890-1977) Actor estadounidense

Jennifer Rojas