Los niños abandonados de la casa cuna de Posadas en el siglo XIX

Texto: Gabriel Martín Lozano

El abandono de niños no fue un acontecimiento puntual de períodos o lugares concretos, sino que fue un fenómeno que hundía sus raíces en la época antigua y que se extendería posteriormente como una práctica habitual, regulada y aceptada socialmente, hasta hace relativamente poco tiempo.
Este es el tema sobre el que se ha realizado un trabajo de investigación histórica en base a documentos y testimonios pertenecientes a la inclusa de Posadas en el siglo XIX, y cuyo objetivo es analizar uno de los episodios más duros de la historia de la marginación y de la exclusión social que afectó a nuestros menores hasta hace tan sólo unas décadas: la exposición.
Ya en época romana se utilizaba el término “expositus” para designar al hijo no reconocido por el padre de familia. Si ocurría esto, el niño era expuesto fuera de la casa, dándole la opción de ser acogido por otra familia. De esta forma, el niño recibía una segunda oportunidad. Si no era recogido, su cruel destino era la muerte.
Esta práctica irremediablemente siguió repitiéndose en siglos posteriores, convirtiéndose en todo un drama social. Fue en un primer momento la caridad cristiana, representada principalmente por las órdenes religiosas, la que se encargó de atender a estos menores abandonados a su suerte en la calle. Pero con la llegada del liberalismo, ya en el siglo XIX, la administración pública asumió ese papel.
Es en este contexto en el que se enmarca la creación en Posadas de su casa cuna, como municipio cabeza de partido. Su función fue acoger y dar alimento a todos los niños que estaban siendo abandonados en los pueblos de la comarca.
Más de un tercio de los cerca de 700 niños registrados en la casa cuna entre 1841 y 1885 eran menores llevados a Posadas desde los distintos municipios de dicho partido, la mayoría remitidos por orden de sus respectivos alcaldes y otros transportados directamente por vecinos que los encontraban abandonados a las puertas de sus casas. Tristemente, algunos de ellos no consiguieron llegar vivos a tiempo para ser atendidos por la inclusa.
El volumen de exposición alcanzó tales niveles que fue necesario contratar mujeres de varios municipios para que alimentaran a los bebés abandonados. Según los registros, en Posadas hemos identificado más de 300 nodrizas, en Palma del Río (que también contaría con una inclusa sostenida por la administración pública) cerca de 100, seguidas de Fuente Palmera y La Carlota con algo menos de 30 nodrizas cada una.
Se les abandonaba en las puertas de las casas de gente pudiente, algunos incluso dejados entre las rejas de las ventanas; alguno encontrado de noche por el sereno; otros abandonados en la puerta de la casa del ama mayor de la inclusa.
También fueron depositados en el torno del establecimiento (situado en la que por entonces se llamaba calle Aragonés, en Posadas). El torno era un mecanismo giratorio, a modo de ventana en el que se colocaba al bebé, de forma que desde dentro de la inclusa no se veía quien lo dejaba, asegurando así su anonimato.
Las condiciones en las que algunos de ellos eran abandonados fueron lamentables. En el mejor de los casos, metidos en espuertas o cestos, y en el peor, en contacto directo con el frío suelo. En su mayoría recién nacidos con tan sólo un pañal, o incluso desnudos y sin lavar tras el parto, unos a punto de morir y otros con graves enfermedades.
Los motivos de esta práctica tan terrible hemos de buscarlos tanto en la pobreza de los padres, que imposibilitaba alimentar a sus hijos, como en el miedo de las madres al estigma social que suponía tener hijos fuera del matrimonio, ya fueran éstos fruto del adulterio, de relaciones prematrimoniales, etc.
Estamos ante una sociedad con una concepción muy concreta de la idea de familia, en la que un hijo considerado como ilegítimo suponía una mancha en el honor no sólo de la mujer sino por extensión también de toda la familia. En este contexto, el torno se erigirá como el instrumento que permitirá mantener el secreto sobre la filiación del bebé, salvaguardando así el honor familiar.
Los niños expósitos eran considerados hijos fruto del vicio y del pecado de sus padres, por lo que eran repudiados, careciendo de valor para la sociedad. La mayoría de estos niños considerados como ilegítimos, fueron abandonadospor sus padres el mismo día de nacer, sobre todo aprovechando la noche y la madrugada, tratando de esconder su acto, para así tapar su “deshonra”.
Al contrario de lo que pudiera parecer, no siempre se le abandonó con indiferencia, también hubo sufrimiento. Hemos sido testigos del dolor que sintieron algunas de sus madres al abandonarlos, éstas dejaron entre la ropa de sus bebés, pequeños papeles escritos indicando qué nombre habría que ponerles, pidiendo el mayor cuidado posible; otras, bordaron sus iniciales en su ropa para intentar después reconocerlos; otras, rogaron el perdón de Dios por lo que acababan de hacer.
Quizá la desesperación llevó a algún padre a marcar, con un hierro candente, una pequeña señal en la piel del bebé justo antes de abandonarlo, probablemente con la intenciónde poderlo identificar después por la cicatriz.
A pesar de mostrar, muchos de ellos, el propósitode recuperarlos cuando su situación mejorase, la mayoría nunca los volvió a ver. Tan sólo un 2% de los cerca de 700 niños abandonadosregresó con sus padres.
Los datos que arroja la casa cuna de Posadas presentan una mortalidad muy similar a la de la mayoría de las hijuelas que están documentadas. Con un porcentaje que se sitúa en torno al 60%, es decir, 6 de cada 10 niños registrados en la inclusa murieron, la mayoría debido a su debilidad durante sus primeros días de vida. Por esta razón eran bautizados lo antes posible, muchos el mismo día que eran encontrados, para así morir cristianizados.
Pero dentro de este contexto general de abandono y muerte, también hubo un pequeño rayo de luz. Un pequeño latido de vida, representado por aquellas nodrizas, de Posadas y del resto de municipios de su distrito, que se encariñaron con los pequeñosa los que cuidaron, adoptándolos.
Hoy día el abandono de bebés, si bien es una práctica que no ha desaparecido del todo, ya no alcanza la dimensión que tenía en el siglo XIX. Hoy el término expósito es algo que ha quedado relegado al olvido, y que ya sólo encontramosen los libros que nos hablan del pasado, libros que guardan en su interior la desgraciada historiade los expósitos.
Hoy, después de más de un siglo, no es fácil determinar el grado de sufrimiento que debió sentir un padre al emprender desde su casa el duro camino en dirección al torno de la inclusa, para abandonar a su hijo. Ni tampoco todas las dificultades que tendría que afrontar a partir de entonces su bebé, marcado de por vida por su condición de expósito.
Nos gustaría que la investigación que se ha desarrollado sirva como pequeño recordatorio de todos aquellos niños que, indefensos, fueron abandonados, convirtiéndose en inocentes víctimas de la pobreza y dela mentalidad de la época en la que les tocó nacer.